amor filial
abril 19, 2012 § Deja un comentario
Ella ya nació y sus padres comenzaron a quererla con locura. Ella, como suele decirse, fue una hija muy deseada. Las cosas durante los primeros años fueron tal y como debían ir. Ella creía que sus padres se amaban. Recuerda aún con qué cariño se abrazaban mientras ella se columpiaba en el parque. O la ilusión con la que papá preparaba una cena especial para mamá. O cómo mamá la arropaba a medianoche creyendo que ella no se daba cuenta. O la alegría con la que papá la lanzaba al aire… Luego las cosas, se torcieron. Papá abandonó el hogar y se fue con otra. Algo se rompió entonces. Las cosas —es obvio— nunca podrían volver a ser como antes. La hija, ya adolescente, es incapaz de perdonar a su padre. Aunque mantienen un buen trato ya nada es lo mismo. Las formas ya no preservan ninguna verdad. Podríamos decir que su situación es típicamente religiosa, pues la cuestión que flota en el aire es la de si es posible la reconciliación, esto es, si cabe algo así como un religarse a lo que se les dió de buen comienzo. Si es posible recuperar los antiguos vínculos. La religión de hecho siempre tiene en la manga una respuesta. Y aquí la respuesta sería, pongamos por caso, una terapia familiar. ¿Qué diría, sin embargo, el cristianismo? Pues que una verdadera reconciliación no es posible, dentro de la normalidad, esto es, mientras las reglas del mundo sigan siendo las que son. Si cabe la reconciliación es porque se ha hundido el mundo. O, por decirlo de otro modo, que si padre e hija pueden amarse de nuevo es porque el mundo ha sido dejado atrás. Porque ambos se encuentran en medio de un gran naufragio. Porque el cielo ha caído sobre sus cabezas y ya nada pueden esperar del mundo. Porque ambos, en definitiva, se han convertido en unos miserables. Es decir, que no puede haber en verdad otro religare, otra religión que la que se da como resurrección de los muertos. (Ciertamente, el significado originario de la resurrección no es estrictamente éste. Pero por ahí van los tiros. Y es que al fin y al cabo el perdón de Dios solo puede comprenderse como el perdón de Dios.)