transconfessional: comentarios a la teología de Javier Melloni (1)
abril 21, 2012 § Deja un comentario
Una vez resulta inviable creer en Dios como quien cree en la existencia de fantasmas, a los creyentes les quedan dos opciones. O bien todo es Dios o bien todo es debido a Dios. Es decir, Bombay o Jerusalén, el Pacífico o el Gólgota. En el primer caso, Dios es comprendido en los términos de otra cosa —o bien como el simple nombre de todo cuanto es o bien como la sustancia del mundo—. En el segundo, Dios, en tanto que es Dios y no otra cosa, se encuentra más allá de todo cuanto es… y, por eso mismo, estrictamente hablando no existe. Aquí todo —el mar y los hombres, el bien y el mal— se nos da en relación con la ausencia de Dios, del mismo modo que un hermano solo se revela como tal tras la muerte del padre. En el primer caso, Dios es la chispa de la vida, la fuente de la que emana la existencia misma de las cosas. En el segundo, el silencio que abraza la Creación por entero y que, por eso mismo, la mantiene en el filo de un final de los tiempos. En el primer caso, el sufrimiento de los hombres queda integrado en una cosmovisión y, por tanto, en un saber. Cabe, pues, una explicación del sufrimiento, una teodicea. En el segundo, ese mismo sufrimiento se convierte en indecible y, por eso mismo, aguarda una respuesta que solo puede proceder de un Dios que renuncie a su divinidad.