transconfessional: comentarios a la teología de Javier Melloni (4)
abril 26, 2012 § Deja un comentario
Raimon Pannikar solía referirse al caso de esa mujer que, a pesar de haber vivido una existencia sumamente infeliz, supo vivir agradecida por el acontecimiento mismo de la vida. Y, sin duda, se trata de algo admirable. La cuestión, sin embargo, es qué se desprende de ello. Raimon Pannikar creía que el caso de esa mujer era un ejemplo del camino a seguir. Y así la actitud de esa mujer hacia el sufrimiento nos indicaría cómo podemos vivir, mejor dicho, cómo deberíamos vivir, si de lo que se trata es de alcanzar una cierta plenitud. Desde esta óptica, los hombres y las mujeres seríamos capaces de superar el sufrimiento, siempre y cuando asumamos el hecho de que nos somos más que una gota de agua dentro de un inmenso océano. El sufrimiento sería, al fin y al cabo, el resultado de un empecinamiento en ser diferentes a lo que somos, de pretender que las cosas sigan otro curso al que les impone una naturaleza divinizada. Sin embargo, esta posición vital no vale como solución para quien le resulta escandaloso el sufrimiento de las víctimas. Comparemos la respuesta de esta mujer a la de aquélla que, habiendo visto como sus nueve hijos morían gaseados en Auschwitz, se sintió obligada a hacerse cargo de los huérfanos de Jerusalén. Esa madre judía probablemente se sintió culpable por el simple hecho de sobrevivir a sus hijos. Y algunos creerán que no n’hi ha per tant. Pero lo cierto es que solo porque se sintió en este sentido culpable se le pudieron aparecer sus hijos en los huérfanos de Israel. Sin duda, esa mujer pudo agradecer a Dios la vida de sus hijos. Ahora bien, lo que decimos cristianamente es que ese sentimiento de gratitud no constituye un punto y final. Que mientras sigan habiendo hijos sin Padre nuestro agradecimiento por los hijos que tuvimos nos obliga a responder al llanto de los huérfanos. Y es que cristianamente el sentido de la bendición va con la deuda.