bautismo
mayo 24, 2012 § Deja un comentario
Dice Marcos: el que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea será condenado (Mc 16, 16). Y muchos se llevan las manos a la cabeza. ¿Cómo pueden los cristianos decir eso? ¿Es que acaso un ritual puede dar mecánicamente la salvación? ¿Acaso ésta puede depender de lo que creamos? Una vez más, vemos que si podemos hacernos estas preguntas es porque estamos lejos de entender de qué va este asunto de la salvación. Ciertamente, el malentendido es debido a la deriva del cristianismo histórico, pues lo que fue originariamente el signo eficaz de la salvación —el bautismo— terminó siendo una costumbre de los que no necesitamos de hecho ninguna salvación. Pero la degeneración de una verdad en costumbre no suprime el carácter verdadero de esa verdad, sino que en todo caso nos impide acceder a ella. Para comprender de qué va esto del bautismo nada mejor que una historia bíblica. En el documental los olvidados de los olvidados, hay un momento en que Grégoire Ahongbonon rescata a un hombre que vive en la calle. Sucio y hambriento ese hombre ha dejado atrás su dignidad hasta casi enloquecer. Pues bien, una vez lo ingresa en lo que el mismo Grégoire llama la casa de Dios, esas cuatro paredes que acogen, como no podía ser de otro modo, a los abandonados de Dios, lo primero que hace es dale de comer, para luego poder cortarle el pelo y lavarlo, esto es, para poder bautizarlo. Es innegable que el gesto de Grégoire le restituye a ese hombre la humanidad perdida. El hombre nace de nuevo por la gracia del enviado de Dios... de tal modo que ese hombre, una vez rescatado, no puede hacer otra cosa que ponerse en manos de Grégoire, esto es, honestamente no puede hacer otra cosa que creer, confiar en él. Señor qué quieres que haga. Viendo la escena se hace inmediatamente comprensible aquello de la eficacia del sacramento, la cual no tiene nada de mágica: el bautismo en este caso no se añade a la salvación, sino que es esa misma salvación. De ahí la sentencia de Marcos: el que sea bautizado será salvo… porque solo el bautismo puede rescatarnos de la indigencia. El bautismo, pues, solo vale como sacramento cuando es el gesto de la compasión de Dios, es decir, el gesto de aquellos hombres y mujeres que, estando por entero sometidos a la voluntad de Dios, son capaces de ver, desde las simas de la existencia humana, el rostro de los pobres como el rostro mismo de Dios. No es, por tanto, casual que quienes creemos que no necesitamos ser salvados no entendamos gran cosa del Evangelio. Pero esto ya se nos dijo de buen comienzo: el Evangelio es una buena noticia para los pobres. Y, si no, que se lo pregunten a ese loco de atar.
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