mahatma
mayo 24, 2012 § Deja un comentario
Muchos cristianos —y no pocos de los no cristianos— suelen poner sobre el tapete el ejemplo de Gandhi para demostrar la vía de la no violencia como una vía eficaz. Sin embargo, el ejemplo de Gandhi no demuestra propiamente la eficacia de la no violencia, sino, como mucho, su eficacia bajo ciertas condiciones. Resulta innegable que, si nadie cogiera un rifle, no habrían guerras. Pero esta verdad es tautológica y, por eso mismo, irrelevante. La solución al problema de la violencia no puede ser solo moral, sino que tiene que ser, sobre todo, política. Esto es, no puede depender de lo que ya sabemos a priori —de las exhortaciones propias de un sermón dominical—, sino en las condiciones de una posible negociación. Y esto significa, principalmente, dos cosas: a) que la cuestión no es cómo podemos llegar a ser santos (o ángeles), sino qué debemos hacer, teniendo en cuenta que no todos conseguiremos ser santos (o ángeles); b) que la solución no es propiamente una solución, sino en cualquier caso una prórroga, un remedio; que la solución no puede darse de otro modo que como solución final… y que, como tal, no puede quedar en manos de los hombres sin transformar esa solución en un infierno. La cuestión de la política, como cuestión diferenciada de la cuestión sobre cómo deberíamos ser, nace, pues, del hecho de tener en cuenta el pecado original. Al fin y al cabo, sigue siendo cierto aquello de Hegel: que, con la excusa de lo irrealizable, el peligro de las almas bellas es acabar con las manos demasiado limpias sobre los púlpitos de la Iglesia, mientras aquellos cuya causa dicen defender siguen cubiertos con las heces del mundo. Con todo, es igualmente cierto que quien se encuentra por entero sometido al mandato de Dios no puede hacer otra cosa que ponerse en manos del enemigo sin saber a ciencia cierta cuál pueda ser la eficacia de ese gesto. De ahí que el arrojo creyente sea, antes que nada, el signo, la señal no ya de que otro-mundo-es-posible, sino de que hay un más allá del mundo, mejor dicho, un más allá de cualquier mundo. Pues lo imposible no es una posibilidad del mundo, sino el acontecimiento que quiebra la continuidad de la Historia como la encarnación misma de un Dios que envuelve la Creación con su silencio.
Deja un comentario