transconfessional: comentarios a la teología de Javier Melloni (7)

mayo 28, 2012 § Deja un comentario

Dice Javier Melloni que en el fondo todo es luz. Que, al fin y al cabo, todos terminaremos formando parte de la luz, pues en el fondo no somos más que luz. Puede que esto sea cierto, aun cuando no está de más que nos preguntemos cómo puede saberlo. Ahora bien, con independencia de que esto sea realmente así, en qué medida esto tiene que ver con nosotros, los hombres y mujeres de este mundo. Pues para nosotros, los hechos en verdad no constituyen nada último. En todo caso, pueden ser algo último desde el lado del mundo, pero no desde el lado de Dios. En tanto que imagen de un Dios que se encuentra más allá de todo cuanto es, los hombres y las mujeres de este mundo no podemos integrarnos en la naturaleza de las cosas como la gota de agua dentro del mar. El cosmos permanece esencialmente inconcluso, no porque le falte una última pieza, sino porque aún no se ha pronunciado una última palabra. La posibilidad de la luz no es una respuesta para quienes murieron sin haber visto otro rostro que el del odio. La extrañeza, la cual está hecha con los materiales de la interpelación de Job, nos pertenece, pues, como aquello más íntimo. La luz no puede ser una solución al problema de la existencia. El problema de la existencia no consiste propiamente en la falta de luz. Si fuimos arrancados de este mundo no es porque encontremos a faltar un poco mas de luz, sino porque, aun cuando estemos henchidos de luz, no podemos admitir un mundo que sepultó y sigue sepultando a muchos hombres y mujeres en la más completa oscuridad. Formaremos parte de la luz y, si aún tenemos un mínimo de conciencia, nos preguntaremos qué podemos esperar con respecto a esas otras vidas. Y la respuesta no puede ser la reencarnación o la metamorfosis. Para quien ha perdido a sus hijos en las cámaras de gas no le vale saber que ellos seguirán en otros cuerpos. Y es que no es cierto que ellos seguirán, a menos que entendamos, a la manera platónica, que el cuerpo es simplemente un habitáculo para el alma y no aquello en relación con lo cual somos quienes somos. Bíblicamente, Dios no es luz, sino el Señor de la luz y la tiniebla (Is 45,7) y lo que esto significa es que ni la luz ni la tiniebla constituyen nada último. Es así que que la pregunta por la restitución de la vida de las víctimas del pasado se nos impone como el non plus ultra de nuestro paso por el mundo. Aunque no sepamos cómo podrá darse esa restitución. O quizá por eso mismo.

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