el chándal que cubre nuestra desnudez

mayo 30, 2012 § Deja un comentario

Para un cristiano, todos somos el mismo pobre. O, lo que viene a ser lo mismo, un mérito, la confianza en nuestras posibilidades, los motivos de orgullo son, en definitiva, una máscara, una impostura, una personificación. Ahora bien, aquí podríamos preguntarnos lo que nos preguntamos a propósito de la naturaleza humana: si la agresividad a la que nos obliga cualquier situación extrema revela nuestra verdadera naturaleza o si, por el contrario, nos aleja de lo que somos. Esto es, si la cultura es la piel de cordero que encubre el corazón de la bestia o si, más bien, debería entenderse como nuestra matriz. O somos alimañas que sueñan con ser ángeles o dioses que viven encerrados en el cuerpo de la bestia. De hecho, como ocurre en el caso de la botella a medias, lo cierto es que ni una cosa, ni otra. Por eso muchos sostienen aquello de que lo humano no puede comprenderse en relación con un determinado modo de ser, sino solo con respecto a una situación, un estar, un entre. Y de ahí que el ser solo pueda dársele al hombre como un problemático deber ser. Al fin y al cabo, el hombre es su posibilidad de ir más allá de donde se encuentra. O bien regresando o bien elevándose. Sea como sea, la posibilidad que es dejada de lado siempre se revelará, por eso mismo, como lo otro del hombre. Como su oportunidad o su maldición. Ahora bien, quien comprenda esto último comprenderá que el hombre tan solo pueda ser falsificándose a sí mismo, esto es, abandonando su situación.

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