el profeta
junio 9, 2012 § Deja un comentario
Un profeta no quiere servir a Dios. Honestamente, no quiere ser el heraldo de su palabra. El hubiera preferido otra cosa. Pero si termina hablando en nombre de Dios es porque no puede desprenderse del yugo de Dios: porque, al fin y al cabo, no puede eludir la verdad de Dios. El sabe que la palabra tiene que ser pronunciada, aunque no pueda creer en ella de todo corazón. El profeta es aquél que ve antes de tiempo la verdad de Dios, aquella que los hombres solo podrán interiorizar en el final de los tiempos. Que el profeta no posea la palabra que proclama significa que la palabra que proclama le supera por entero. O, por decirlo de otro modo, que su fe solo le será dada por la deuda que contrae con aquellos que creyeron en su proclamación.
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