teoría de la doble verdad

junio 16, 2012 § Deja un comentario

Hay dos modos de comprender esto de la verdad. O bien la verdad se dice de nuestras ideas o pensamientos, o bien se da como lo que tiene lugar. En el primer caso, decimos que nuestros ideas son verdaderas, si se corresponden con los hechos. En el segundo, en cambio, decimos que es verdad lo que en realidad acontece. Así, en principio, parece que estemos hablando de lo mismo, pero solo para quien no se haya dado aún cuenta de que, mientras los hechos siempre se dan según el marco de nuestra receptividad, lo que en verdad acontece no puede darse según ese marco. Esto es, que lo que acontece es, en cualquier caso, el hueco, la falta, lo dejado atrás, aquello en sí mismo invisible, eso que debe aparecer y, sin embargo, sigue sin aparecer. De ahí que, por ejemplo, la muerte no sea un hecho —el hecho es el cuerpo sin vida—, sino un acontecimiento. O, por decirlo a la inversa, la vida solo se nos da cuanto tenemos presente la posibilidad de la muerte, la posibilidad de que la vida sea dejada definitivamente atrás. Y lo mismo pasa con esto de Dios. O bien Dios es el ente o el hecho que se corresponde con nuestra idea de Dios. O bien es el ser que el mundo encuentra en falta —aunque, por eso mismo, el mundo quede transfigurado—. En el primer caso, tenemos una idea de la que bien podemos prescindir. En el segundo, acaso el único acontecimiento que da pie a lo que somos en verdad, hombres y mujeres marcados —obligados— por esa ausencia. De ahí que cuando alguien dice que Dios no existe, dando a entender que no hay nada que se corresponda con nuestra idea de Dios, cristianamente solo podemos responderle que eso ya lo sabíamos desde hacía tiempo, cuanto menos desde el final de la Creación, desde el mismo momento en que Dios decide tomarse un descanso para que los hombres puedan responder a su voluntad y, de paso, liberarse del asfixiante peso de las circunstancias.

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