grados de tolerancia
junio 21, 2012 § Deja un comentario
Cuando tanto te da una cosa como otra es muy fácil ser tolerante. Incluso puedes llegar a colaborar con el «enemigo». No lo es tanto cuando te crees, en la medida de lo posible, aquello que proclamas. Así, pongamos por caso, si estás convencido de que no hay otro acceso a Dios que el que pasa por la Cruz, te será muy difícil participar de esas dinámicas creyentes que confunden las esterillas con las alfombras voladoras: como si fuera posible conectarse con Dios simplemente cerrando los ojos y oyendo tu respiración. Como si Dios fuera algo así como un relajante muscular. Esto no significa que tengas que negarles el pan y la sal a quienes defienden esta concepción de la divinidad. Significa que no puedes comulgar con sus ruedas de molino. Al fin y al cabo, cuesta imaginar al nazareno fent treball d’equip con los fariseos. De hecho, lo crucificaron por no ser lo suficientemente colaborador.
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