el cigronet

junio 25, 2012 § Deja un comentario

Llevo en brazos a mi hija de dos años, Paula, de camino a la guarderia. Ella va cantando la canción de los teletubbies y diría que es feliz. En el semáforo, junto a nosotros, pero sentada en la acera, una indigente con su hija en el regazo, más o menos, de la misma edad que Paula. El hecho de que nosotros podamos comer a diario y ellas no, ya es de por sí una provocación, por no decir una afrenta. Como si fuéramos culpables por el simple hecho de que a nosotros nos vaya bien y a ellas no. Que hayan ricos y pobres puede que vaya con la naturaleza misma de las cosas. Se convierte, sin embargo, en algo intolerable cuando aceptamos que no hay otra vida que la que nos ha sido dada. Y es que, en realidad, cualquier más allá que pudiera amortiguar este vértigo queda en manos de un Dios que aún está por ver.

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