hermano lobo
junio 26, 2012 § Deja un comentario
Ayer, una hormiga recorría una de las paredes del baño. Decidí que siguiera su camino. La vida, ya se sabe. ¿La habría dejado vivir si hubiera sido una cucaracha o un escorpión? Quienes están predispuestos a respetar la vida en cualquiera de sus formas deberían tener en cuenta que la vida se despliega devorándose a sí misma. El sapo se traga la mosca. La serpiente, el sapo. El aguila, la serpiente. Deberían tener en cuenta, al fin y al cabo, que el deber de preservar la vida por el simple hecho de ser vida va contra la vida misma. De ahí, que el gesto de Francisco —el de abrazar al hermano lobo— sea incomprensible. ¿Qué moraleja se desprende de ese gesto? ¿Que deberíamos abrazar al lobo para que otro mundo fuera posible? ¿Incluso donde el lobo está a punto de lanzarse sobre nuestros hijos? Quien abraza al lobo, tarde o temprano, termina en sus fauces. De ahí que el gesto de Francisco, como muchos de los gestos cristianos, sea un gesto escatológico, algo así como un índice de quien se encuentra más allá del mundo. Una locura exigida por un Dios al que se le debe tanto la luz como la oscuridad.
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