grados de tolerancia (y 2)
junio 28, 2012 § Deja un comentario
Acabo de cruzarme con el padre Apeles, engominado hasta las cejas y con el aspecto de querer conducir un Ferrari. Por un instante me he preguntado si el creería honestamente que su vida es una vida que nos habla de Dios, al menos en cierta medida. Pero ya me imagino la respuesta: que si hay diferentes sensibilidades; que si cada uno tiene su modo de expresar su fe en Dios… Sabemos que este tópico, este lugar común, se encuentra al servicio de la paz social. Y así cada uno tiene su verdad como pueda tener sus gustos o preferencias. Pero es evidente que la vida de Apeles no puede ser igualmente verdadera que la de, pongamos por caso, Mn Romero. No es cierto que ambas vidas, aunque sea desde diferentes ópticas, nos hablen de Dios. Una lo hace, la otra no. Como no es cierto que el monje zen nos hable de Dios de un modo complementario a como pueda hacerlo un crucificado. Pero aquí seguimos con la nuestra: cada uno con la suya y todos tan amigos. Luego nos extrañamos de que ya no haya entre las filas cristianas quien sienta el aguijón de Dios. Un palabra blanda solo produce hombres y mujeres blandos. Y, con todo, sigue siendo indiscutible que, en el momento de la verdad, el padre Apeles podría dar un paso al frente y yo, en cambio, retroceder.
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