caridad budista

julio 2, 2012 § Deja un comentario

No faltan ejemplos de monjes budistas que se sintieron llamados a ejercer la caridad. De ahí que algunos sostengan que las religiones que nos abren al sufrimiento ajeno apuntan, en el fondo, al mismo Dios. Ciertamente, lo decisivo —lo que decide el sí o el no de nuestra existencia— no es la creencia, sino la respuesta que le damos a quien no tiene qué comer ni con qué vestirse, teniendo en cuenta que una reacción no es lo mismo que una respuesta. La respuesta, a diferencia de la simple reacción, pone en juego la integridad de la persona. Quien responde al clamor del pobre no puede hacer otra cosa que ponerse en sus manos en tanto que se siente enteramente llamado por ese clamor. Ahora bien, ¿se deduce de ello que da igual en lo que creamos? Probablemente dé igual del lado de Dios. Pero quizá no del lado del hombre. Pues al hombre o, cuanto menos, al hombre que es consciente de su inquietud religiosa, no le basta con satisfacer su necesidad, por muy elemental que sea, sino que debe preguntarse hasta qué punto esa satisfacción supone al mismo tiempo una redención. Y por eso —porque la experiencia de la redención va con un cierto saber acerca de Dios— no es lo mismo creer que finalmente no hay más que polvo cósmico que creer en la resurrección de los muertos. Una creencia religiosa es siempre un intento de responder a la pregunta por el final. Al fin y al cabo ¿qué? Y así la cuestión de qué podemos en definitiva esperar se revela como una cuestión insoslayable para todo aquél que vea más allá. Donde no cabe responder a esta cuestión, quizá lo más honesto sea seguir los pasos de Epicuro, aunque sea con el aderezo de algunas gotas de compasión.

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