los tiempos de Dios

julio 2, 2012 § Deja un comentario

Dios es una cuestión de tiempo. Es decir, Dios no es algo que se encuentre ahí, por encima de nuestras cabezas o como substrato del cosmos. Dios no habita el espacio, sino los tiempos. Dios es interrupción, la suspensión de esa temporalidad en la que los días solo se distinguen por su intensidad. De ahí que cuando irrumpe Dios, todo lo humano quede en entredicho. Los tiempos de Dios son aquellos en los que el hombre ya no puede creer en sí mismo, en su posibilidad. Los tiempos en los que el hombre es arrojado a la desnudez del otro hombre como el non plus ultra de la existencia, esto es, como el cuerpo mismo de Dios. Dios es quien, en el culo del mundo, exige un respuesta incondicional del hombre, se encuentre donde se encuentre, sea quien sea. De ahí, que, en el momento de la verdad —el momento en que Dios se revela por su ausencia— un padre Apeles pueda responder a Dios y nosotros, los que echamos pestes de su impostura, dar un paso atrás. De hecho, así debía sonar la parábola del buen samaritano a oídos de la buena gente de la época.

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo los tiempos de Dios en la modificación.

Meta