¿de qué va YWHW?

julio 5, 2012 § Deja un comentario

Muy pocos se preguntan cómo es posible que YWHW nos obligue a amar. ¿Acaso un amor que no nazca espontáneamente de lo más profundo del corazón puede valer como tal? Y, ciertamente, quienes dan por hecho que esto del amor es tan solo una energía o un impulso difícilmente podrán comprender esta exigencia como la única que nos permite ir más allá de nosotros mismos. Pues quien se encuentra sometido a Dios se encuentra obligado a responder a la demanda del pobre, aun cuando ese mismo pobre no le incite —por su envilecimiento, por su hijoputismo— a la lástima, a una fácil piedad. El pobre —nuestro hermano— debe salir de su miseria, aun cuando debido a su embrutecimiento parezca merecerla. Un pobre no siempre és un pobret. De hecho, no suele serlo. De ahí que el judaísmo le dé tanta importancia a la Ley. Y es que el hombre no puede ver durante mucho tiempo con los ojos de Dios a quien ha dejado atrás cualquier posibilidad de elevación —al apestado, al enemigo—. Para el hombre no hay amor —no hay querer, no hay libertad— que no entrañe, tarde o temprano, una ciega disciplina. Como, si al fin y al cabo, la superación del narcisismo no pudiera darse donde el amor es comprendido como nuestra mejor inclinación y, en definitiva, como el mejor medio para alcanzar la felicidad. Como si uno solo pudiera trascenderse donde se encuentra sometido a la dura imposición de la exigencia política. Pues una sola es la convicción judía con respecto a Dios —convicción que el cristianismo disuelve como el azucar en el café cuando admite la posibilidad de una relación íntima con Dios fuera del sentirse llamado por Él—, a saber, que Dios no puede hacerse presente —que no puede haber conexión con Dios— mientras no haya justicia. Dios siempre fue, bíblicamente, una cuestión de tiempo y no algo o alguien que se ubica espacialmente en otro mundo.

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