épocas
julio 10, 2012 § Deja un comentario
El problema de que hoy en día Dios no se dé por descontado es que, aquellos que no se siente inclinados espontáneamente a las cosas de Dios, no tienen que habérselas con Dios. Pueden perfectamente pasar de largo. Antes, como quien dice, aquellos que tenían serías dificultades para creer —porque fueron niños rotos o simplemente hombres y mujeres plegados a los asuntos del más acá—, estaban obligados a enfrentarse a Dios —a negarlo—, aunque fuera en lo más recóndito de su intimidad. Y solo por eso podían alcanzar una cierta complejidad interior. Hoy en día, sin nada serio que negar, uno difícilmente puede trascender el flujo de sus impulsos más o menos elementales.