Hamlet
julio 12, 2012 § Deja un comentario
Un Padre es un fantasma, mejor dicho, un fantasma que te exige lo imposible —vengarte de la madre, arrancar las raíces que te atan a la tierra, una entrega sin fisuras…— y, por tanto, aquél que te mantiene en falso, en la indecisión, la culpa. Tú sabes, en lo más recóndito de ti mismo, que no puedes hacer lo que debes. De ahí que la redención pase por matar al Padre, por librarse del fantasma. Hamlet no pudo y, por eso, tuvo que optar por el arte, esto es, por la sublimación de su impotencia. Jacob, en cambio, supo abrazarlo hasta la extenuación, hasta provocar su silencio. El primero fue condenado a una perpetua juventud. El gesto del segundo, en cambio, reveló el verdadero rostro del Padre: su debilidad, su carencia, su falta de valor. Pero será por esto mismo que solo Jacob fue, al fin y al cabo, capaz de obedecerle.