más Barth
julio 12, 2012 § Deja un comentario
«Yo soy el que soy», el desconocido, el invisible, el eterno, es el que nos llama y, como tal, le amamos. En el instante en que le amáramos de otro modo, en una relación directa, como poseedores, degustadores o asegurados, entonces Dios ya no sería Dios y nosotros dejaríamos de ser los que hemos sido llamados por Dios. Porque son llamados aquellos a los que Dios ha destinado «a reproducir la imagen de su Hijo» y la «imagen» que ellos deben «reproducir» es la muerte de Jesús (Flp 3, 10).
Karl Barth