inferno
julio 13, 2012 § Deja un comentario
En el infierno —en los läger, en los gulag de la historia— no hay pureza que valga. Quizá en las proximidades del infierno, pero no en el infierno. Allí no hay vida inmaculada que el hombre pueda interiorizar sin transformarse en marciano. En el infierno el hombre no puede ni siquiera seguir ligado a su bondad, pues el infierno es de por sí degradante. En medio del calor sofocante de los hornos crematorios o de las fosas humeantes, el hombre solo puede hacer dos cosas: o enmudecer o responder a la demanda del musulman desde lo más recóndito de su degradación. O se salva la carne o la salvación no tiene que ver con nosotros, sino con ese fragmento de nosotros que solo entiende de felicidad.