las manos vacías
julio 14, 2012 § Deja un comentario
La actitud del cristiano que se pone en manos de Dios —siendo este Dios, el Dios que él tiene en mente o en el corazón— al fin y al cabo es idéntica a la del maestro zen que se deja caer en brazos de la Nada. En ambos casos, se trata de lo mismo: de perecer para uno mismo, de alcanzar el milagro de las manos vacías (Bernanos). Que el motivo sea un supuesto Dios o la efectividad última de la Nada es lo de menos. Otra cosa, sin embargo, es que en verdad un cristiano no pueda ponerse en las manos de Dios sin ponerse en manos del pobre. Aquí la cosa cambia, pues no es lo mismo dejarse abrazar por los pobres —los cuales siempre huelen mal— que por la Nada. Cualquier abandono de sí que no se dirija a la desgracia de los hombres tendrá probablemente su qué, pero no irá en la misma dirección que el Dios encarnado.