desirée
julio 16, 2012 § Deja un comentario
Donde te diriges al otro desde tu deseo —desde tu hambre—, tarde o temprano toparás con el no, el hiato, la separación. El no es esa arruga, ese olor, esa mueca que difícilmente podrás integrar en tu deseo. La negación, sin embargo, es reveladora. Tras el no, el otro se muestra sin tapujos como aquel que se encuentra más allá de tu deseo, esto es, como el indeseable. De hecho, todo esto es muy tonto, pues es sabido que en realidad siempre deseamos un cuerpo intangible, un fantasma. De ahí que el deseo no trace puentes que duren mil años. A fin de cuentas, quien es capaz de ver más allá —por lo que ha sufrido, por las pérdidas acumuladas— sabe que un cuerpo solo puede ser perdonado.