trascendencias (y 3)
julio 17, 2012 § Deja un comentario
No hay mucha diferencia entre tener que tratar con dioses o espíritus a tener que hacerlo con fuerzas. Un dios, en este sentido, es tan solo la personificación de una fuerza. En ambos casos, es cuestión de doblegar al dios-fuerza, o bien por medio de la magia, o bien por medio de la técnica. Ciertamente, no es exactamente lo mismo, pues en el mundo de la técnica el temor no es tan palpable, aunque de algún modo sigamos teniendo motivos para temer (pues nada nos asegura que no tengamos otro Chernobil por no haber podido prever, por ejemplo, los fallos del software que controla el reactor de tal o cual central nuclear). Así pues, el paso de una religión de espíritus a un mundo sin dioses no es tan decisivo como se supone, dejando a un lado la sensación de protección (o desamparo) que te da un mundo repleto de dioses. Ahora bien, donde sí hay diferencia es entre tratar con dioses-fuerza e intentar hacerlo con Dios, en definitiva, con su silencio. Y es que donde Dios se revela como el intratable, los hombres difícilmente podrán hacer otra cosa que preguntarse por la redención del mundo. Y éste es, sin duda, otro asunto que el de procurar que los dioses jueguen en tu cancha.