trascendencias (2)

julio 17, 2012 § Deja un comentario

Del lado del hombre, todas las religiones son, en el fondo, la misma religión. Todas pueden comprenderse como los diferentes intentos de los hombres de abrirse a lo que de algún modo les supera o, si se prefiere, como los diferentes imaginarios que facilitan, por aquello del ponerse en manos de la divinidad, que podamos ir más allá de nuestro ombligo. Del lado de Dios, sin embargo, toda religión es una torre de Babel. No es casualidad que el cristianismo sea tan difícil de integrar en el país de la religión. No es casualidad que le cueste tanto renunciar a su verdad para incorporarla en el saco de la gran verdad interreligiosa. Y es que el cristianismo en su esencia reconoce algo difícil de tragar para quien sepa qué significa la palabra Dios, a saber, que la reconciliación entre Dios y el hombre no puede darse del lado del hombre, sino solo del lado de Dios. Y no porque Dios nos enseñe el camino, pues esto ya lo creían los griegos con respecto a sus dioses, sino porque Dios sacrifica, como quien dice, su divinidad para que los hombres puedan salvar el pellejo, esto es, la carne. Pues un Dios que se hace debilidad por amor a los hombres es como si la energía en la que algunos hoy en día toman por Dios —ese poder en el que muchos confían ciegamente—, hubiera decidido renunciar a su capacidad, para que los hombres de una vez por todas dejaran de pretender la salud y la fuerza, al fin y al cabo la santidad, y se dedicaran, desde su debilidad y miseria, a responder al llanto de quienes tienen cerca (o no tan cerca).

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