el poder de la palabra
julio 21, 2012 § Deja un comentario
La fe es permanecer en el centro de una posición básica. Así, el creyente cuando dice, por ejemplo, que Jesús murió para que nosotros pudiéramos vivir más allá de la muerte, lo dice convencido de que esto es así del mismo modo que para la madre la habitación del hijo muerto es una habitación sagrada: nada hay que pueda sacarla de esta visión. Ni siquiera, cuando desde fuera de la escena, alguien pudiera decirle que esa habitación, en realidad, no es más que una habitación… que ella luego interpreta como si fuera otra cosa. Pero a la madre le está vedada un acceso neutro a esa habitación. Así lo primero es una verdad y luego, en todo caso, ya vendrá el dar razón. Y es que, probablemente, haya dos modos de existir. El primero es, como decíamos, desde una posición —una visión— básica, aquella que marca por entero la existencia, al modo de un tatoo indeleble. El otro, en cambio, es el propio el propio quien va tirando, de quienes hoy están aquí y mañana ahí.