segunda edición
julio 24, 2012 § Deja un comentario
El problema de un hablar demasiado fácil acerca de Dios es que la realidad de Dios quede sepultada por ese hablar fácilmente de Dios, el cual elude aquella cuestión sin la que ningún creyente puede honestamente encontrarse bajo Dios, a saber, de qué hablamos propiamente cuando hablamos de Dios o, por decirlo en bíblico, dónde está —dónde aparece— el Dios de los esclavos de Egipto. Quien entiende lo anterior, entiende por tanto que la cuestión no es ‘posterior’ a la adhesión creyente, sino que es más bien un momento constitutivo de esa misma adhesión.