el camino

julio 28, 2012 § Deja un comentario

Que Dios sea interrupción significa que Dios se da como ruptura de los caminos del hombre, incluso de aquellos que pretenden alcanzar una cierta santidad. Que Dios no se encuentra en las cimas, sino en ciertos momentos de la existencia, aquellos que, desde la irrupción de Dios, no pueden ser otra cosa que terminales. De hecho, ya se nos dijo que Dios sacaba creyentes hasta de las piedras. Del lado del hombre, pues, uno hace lo que puede. Y probablemente el hombre desde sí mismo no pueda hacer más que intentar ser feliz, aun cuando sea con la excusa de Dios. Pero cuando Dios irrumpe en la escena —y suele hacerlo con muy mal aspecto—, todos, estén donde estén, hayan transitado el camino que hayan transitado, se encuentran en la misma posición, a saber, la de quienes deben responder sin condiciones. Y esto es, precisamente, lo que resulta escandaloso para quienes, a veces con obsesiva dedicación, pretenden acercarse a Dios por sus propios méritos, aun cuando sea bajo el hábito de quien se pone en manos de Dios. Pues cristianamente no hay otro ponerse en manos de Dios que no pase por ponerse en manos del pobre, lo cual, como es obvio, suele empobrecer a quien lo hace.

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