el hechizo del logos

julio 28, 2012 § Deja un comentario

La razón es fascinante, en el sentido literal de la expresión, pues quienes son capaces de reducir un conjunto de cosas a una y la misma cosa, tienen al público de su parte. La fórmula mágica es, al fin y al cabo, una variante del todo es agua de Tales. De ahí que quienes defienden la tesis de que todas las religiones son en última instancia diferentes variantes de una misma religión parece que estén en lo cierto. El público cree que posee una mayor comprensión del fenómeno religioso, si es capaz de ver la profunda unidad de religiones aparentemente irreconciliables. Hasta aquí nada nuevo. Sin embargo, hay otra manera de ver este asunto. Y es teniendo en cuenta que el conocimiento no se da solo donde somos capaces de reducir la diversidad. De hecho, cuanto mayor es nuestro conocimiento en un determinado campo, mayor es nuestra capacidad para reconocer la singularidad. Así, un melómano es capaz de ver en las Diabelli de Sokolov otra cosa, de modo que el resto de las interpretaciones pasan, literalmente, al saco sin fondo de la irrelevancia. Es obvio que se trata de otra versión de las variaciones de Beethoven. Pero esta certeza no proporciona ningún saber. La singularidad —la vida— que les imprime Sokolov es de otro mundo. De modo que quien es capaz de decir que en definitiva no es más que una versión entre otras, no ha entendido nada. Puede que desde la óptica de la totalidad solo sea eso, una versión más. Pero el carácter definitivo del acontecimiento solo tiene lugar frente a lo definitivo del mundo, esto es, como la excepción que brilla en la noche en la que todos los gatos son pardos.

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