más madera para que arda el amor

julio 28, 2012 § Deja un comentario

Uno puede entender perfectamente la diferencia entre el Dios bíblico y la divinidad en general, si comprende de qué va esto del amor. Así, muchos creen que es posible conectarse con Dios del mismo modo que creen que es posible permanecer en la situación del enamorado. De ahí que estén todo el día cerrando los ojos sobre una esterilla y deambulando por los claustros, intentando saborear cada paso que dan como si fuera Dios mismo quien andase. Como si el amor fuera, precisamente, un estado, una fusión, un acoplamiento. Por otro lado, sin embargo, tenemos el amor terminal, el amor como final de trayecto. Es el amor de los ancianos, de aquellos que han sido capaces de perdonarse su falta de conexión, el hiato que, cualquier hombre o mujer con dos dedos de frente, ha de dar por descontado. Esto es, el amor no ya como fusión, sino como reconciliación o, mejor dicho, como resurrección de los muertos. Por eso, el amor verdadero solo puede ser contado como historia de amor. Pues no hay amor que valga que no pase por el fracaso de nuestra pretensión de amar hasta el fin de los tiempos.

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