de palomas y serpientes
agosto 2, 2012 § Deja un comentario
Lo más natural es quedarse con una de las dos caras de la moneda. Y así creernos que somos, pongamos por caso, auténticos porque denunciamos una fe del lado de los poderosos, pues sabemos que no hay fe que sobreviva al abrazo del poder. O bien, creernos que somos algo así como la punta del lanza de la Cristiandad al dar por hecho lúcidamente que una fe sin poder, tarde o temprano termina siendo aniquilada por los enemigos de la fe. Cuesta, por tanto, mantenerse en el filo de la perplejidad. Pues tanto es cierto lo primero como lo segundo. Sin la candidez de los mártires, la Iglesia sería otra cosa, de hecho, algo parecido a la cosa nostra. Pero sin la astucia de los cancerberos, la Iglesia hace ya tiempo que sería un camposanto. De ahí que no hayan soluciones, sino equilibrios. Y un equilibrio exige que no sea dicho todo, donde decimos todo lo que tiene que ser dicho en nombre de Dios. Pues sigue siendo cierto que los tiempos de la redención no están en manos de los hombres, los cuales, en su conjunto, no pueden salir de su perenne oscilar entre Dios y el mundo.