el muñequito Michelin
agosto 3, 2012 § Deja un comentario
Me revientan quienes creen en su posible elevación por encima de las miserias de este mundo. No basta con llevar en la mochila unas cuantas dosis de compasión. El corazón de los hombres es insincero y esta es una gran verdad. Cabe, sin duda, erigir un muro a nuestro alrededor para, así, asemejarnos a nuestro dios, a su bondad o indiferencia. Al fin y al cabo, es cuestión de método. Pero solo hace falta dar un paso al frente, transitar por los alrededores, por los campos aún humeantes, para que nos alcance el hambre de los hombres, el llanto de esos niños que fueron abandonados en la cuneta por sus madres, aquellas que fueron en busca de mejores pastos, el desgarro de quienes tuvieron que soportar el cuerpo del verdugo sobre sus espaldas. Y quien sufre el dolor de los tantos y tantos ya no puede saciarse con el dios de las cimas. La pobreza, empobrece y esta es la certeza del creyente. No es posible ninguna elevación para el hombre. Puede, con todo, que sea posible su transfiguración. Pero para ello debe regresar de la muerte. Pues los que aspiran a la elevación olvidan que tan solo podemos volar cayendo. Como Dios mismo en realidad.