la fira alternativa (1)

agosto 11, 2012 § Deja un comentario

Ya estamos de pleno en los tres días que aquí en sant Pol le dedican a la fira alternativa (se supone que con respecto al sistema). El lema de este año es sin revolución, no hay evolución. Pues en esa estamos, cambiando las cosas, entre xibecas a dojo y música ska hasta las cuatro de la madrugada. La verdad es que no acabo de entender por qué están contra el sistema, pues el sistema es el que, entre otras cosas, les da una referencia a sus precios. Así, por ejemplo, tenemos que el mismo queso ecológico, que en el pueblo te lo venden a 18€ el quilo, ellos te lo enchufan a 32, eso sí con el valor añadido de esa sonrisa floja que dan los porros. Y es que las chicas de la charcutería ponen siempre la cara de derrota que te queda tras doce horas de trabajo, día tras día. Supongo que a todos nos gusta escuchar que el amor y la fraternidad son posibles, pues los perroflauta no paran de dar la tabarra con su buenismo por los altavoces de la feria. Pero solo haría falta que les dejaran el mundo en sus manos —solo haría falta que pudieran comenzar de nuevo— para que se dieran cuenta de que su historia es la misma historia de siempre. Que la fraternidad dura lo que dura un caramelo en manos de un niño. Que, tarde o temprano, comenzamos a creer que el otro no se merece su suerte. Que no todos trabajan por igual. Etc. Pues Caín y Abel, no hay que olvidarlo, fueron hermanos. El problema de cierta progresía es haber dejado de lado eso tan católico del pecado original. Como si el mal del mundo se debiera tan solo a una mala organización. Cuando lo cierto es que el mal anida en los tuétanos del hombre. De ahí que los profetas, los cuales no podían ser ciertamente ingenuos, viviendo como vivían en un mundo en donde la violencia era un dato natural, dijeran que otro mundo solo era posible como otro mundo. Que el hombre desde sí mismo no podía esperar que la fraternidad y la justicia tuvieran la última palabra, aunque, desde la experiencia de la vida como don, no pueda hacer otra cosa que esperarlo. De ahí que las imágenes de la esperanza creyente, a diferencia de aquellas de la expectativa-perroflauta, sean literalmente increíbles. Pues nadie en su sano juicio puede esperar que el león coma hierba. Y es que este esperar sin esperanza, más que un supuesto, es un síntoma del valor que la vida tiene para quien ya ha visto demasiadas cosas del hombre como para creer en su posibilidad.

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