liberty one
agosto 12, 2012 § Deja un comentario
Sabemos que en la India aún se pactan matrimonios desde el momento mismo del nacimiento… tal y como se ha hecho en todas partes hasta hace prácticamente doscientos años. ¿Se trata de una aberración? ¿Acaso las parejas experimentan su situación como una asfixiante falta de libertad? Difícilmente, mientras el modo de vida siga siendo el ancestral. Donde esto es lo que hay, donde lo decisivo no es el encuentro de las almas o la satisfacción de un determinado gusto o preferencia, sino la crianza, el compañero o la compañera que te ha tocado en suerte no es más, ni menos, que eso, una suerte, en el sentido literal. Del mismo modo que hoy por hoy nadie sufre como falta de libertad, el hecho de tener un rostro y no otro (aun cuando pueda sufrir su rostro, ciertamente, como una maldición). Otro gallo nos cantaría, sin embargo, si pudiéramos cambiar de rostro como quien cambia de chaqueta. En ese caso, quienes, bien porque no pudieran costeárselo, bien porque tuvieran que quedarse, por aquello de la fuerza de las costumbres, con el rostro que les ha caído en gracia, encontrarían a faltar, sin duda, una mayor libertad. La libertad por tanto solo aparece donde una determinada forma social hace posible la elección como el centro neurálgico de la existencia. Pues donde no es posible elegir —donde las cosas no son propiamente ofertas, sino eso que hay—, la libertad, al menos entendida según el modo liberal, es del todo ininteligible.