la haine (1)
agosto 13, 2012 § Deja un comentario
La Bondad, así con mayúsculas, no es de este mundo. Los hombres buenos mueren siempre antes de tiempo. La Bondad, pues, no sirve como medio de transformación. No es la Bondad la que transforma la historia, sino la violencia. La Bondad, en todo caso, es significativa. Sin duda, si todos fuéramos buenos, el mundo sería diferente. De hecho, sería otro mundo. Pero lo cierto es que el mundo es mundo porque no todos somos buenos. Este es el dato inicial e indiscutible de la política. La exhortación moral solo resulta inteligible, si damos por sentado que podemos alcanzar la bondad. Pero, la política no puede dar por sentada esta posibilidad. Al contrario. Por eso mismo, la política no es una moral por otros medios. La política y la moral se mueven en ámbitos distintos, aun cuando tengan zonas en común. El hombre, mientras pertenezca al mundo —mientras siga siendo natural—, necesita excluir a quienes encarnan, representan el Mal. Pues la tentación del hombre es erigir una reino de paz —una ciudad de Dios— y no puede haber paz que no esté rodeada de muros infranqueables. Por eso resulta cuanto menos desconcertante que el Dios de la Bondad —aquel que quisiéramos preservar intramuros del poder del odio— haya querido morir en las afueras y no habitar en los templos. De ahí que un creyente no pueda esperar otra cosa que el regreso de un Dios que decidió sacrificarse incomprensiblemente para que el hombre permaneciera definitivamente ligado al fin del mundo.