la haine (y 2)

agosto 13, 2012 § Deja un comentario

La violencia contra el enemigo siempre se encuentra cargada de buenas razones. El enemigo, por defecto, es aquél que merece la muerte, aquél que debe morir, pues el enemigo es quien ha decretado previamente nuestra muerte y la de nuestros hijos. Un enemigo no es un interlocutor. Es una bestia, la encarnación del mal. La justicia nunca termina de desprenderse del aroma de la venganza. Por eso la guerra contra el enemigo es, por definición, justa. La violencia política encuentra sus motivos en esa necesidad tan humana de acabar con el mal de una vez por todas, como quien arranca las malas hierbas de un jardín. Los escuadrones de las FAI cazando curas como si fueran ratas, las falanges de los fascistas, masacrando rojos como quien restaura el orden (sobre)natural de las cosas… Todos, los nuestros y los otros, respondían a una violencia anterior. Todos fueron diablos. Por eso la bondad solo puede prevalecer irracionalmente, es decir, sin otro motivo que el de respetar obsesivamente el imperativo del no matarás o, lo que viene a ser lo mismo, el carácter sagrado de la vida humana. Aunque lo cierto es que los hombres buenos —y este es el misterio de la historia— suelen ser los primeros en morir. La bondad tan solo puede triunfar donde el mundo deje de ser mundo. Esto es, en el final de los tiempos. Mientras tanto deberemos contentarnos con su simulacro, la ciudad de Dios.

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