vuelo parabólico (2)
agosto 15, 2012 § Deja un comentario
Las parábolas de Jesús de Nazareth son, como sabemos, desconcertantes, por no decir, inaceptables para quienes aún contamos con nuestras posibilidades. Así, por ejemplo, la del hijo pródigo o la de los jornaleros de la viña. En ambos casos, Dios no parece que sea muy justo que digamos. Que el hijo que ha dilapidado la herencia paterna acabe teniendo el mismo trato que el hijo fiel; que los trabajadores del atardecer reciban el mismo salario que aquellos que comenzaron a trabajar de buena mañana… Sin embargo, la verdad de estas parábolas solo es accesible para quien está situado en la óptica de los tiempos finales. Desde esta óptica, todos estamos en la misma posición. Las diferencias —los méritos— dejan de tener relevancia. Donde prevalecen los méritos, seguimos en la situación de Caín y Abel. Pero donde el tiempo se acaba de lo que se trata es de nacer. Como si todo cuanto pudiéramos haber hecho antes careciese de la más mínima importancia. Como si el presente continuo fuera un tiempo perdido, un tiempo muerto (un tiempo de muertos). Y es que no hay que olvidar que Jesús de Nazareth fue un profeta escatológico, alguien que estaba convencido que la hora de Dios era cuestión de días. Luego vendrán los discípulos y con lucidez implacable harán de esa Cruz el tiempo final que el profeta anticipó.