credo quia absurdum

agosto 22, 2012 § Deja un comentario

Creer es creer en el milagro, en la posibilidad de la intervención de Dios. Quien no cree en esta posibilidad —quien no puede creer en ella—, no cree, aun cuando crea que cree. Aquel cuya vida no apunta a la posibilidad de la excepción al orden natural de las cosas es alguien cuya vida no necesita de dicha excepción, pues aún confía en las posibilidades de sus propios recursos. De ahí que el hecho de plantear la posibilidad de que haya o no un Dios, no pertenece a quien ya no es más que una invocación de Dios, una súplica, un clamor. La fe o su falta son, ciertamente, un síntoma de quienes somos, es decir, de la situación en la que nos encontramos, y no un simple supuesto pendiente de confirmación. Nadie decide creer como quien decide apuntarse a un curso de yoga para cargarse de energías positivas.

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