procastinación
agosto 25, 2012 § Deja un comentario
Llama la atención este nuevo diagnóstico: la pereza se revela como una nueva enfermedad y no como una falta moral. A quien deja para mañana lo que puede hacer hoy —a quien posterga una y otra vez aquello que debe encarar— ya no es un cobarde o un mandrós, sino alguien que sufre de procastinación. Como quien coge una gripe o un cáncer. Soprende que en nuestra época tan científica volvamos a los tiempos de Homero, aquellos en los que el interior de los hombres era un mero campo de batalla entre agentes externos. Para quien padece esta nueva enfermedad no cabe, pues, un genuino combate interior ni, por descontado, un dominio de sí. La pereza ya no va con el perezoso. Ya no hay culpa original. Todo remedio aquí es técnico. Y cuando fracase la técnica, el que sufre de procastinación ya no sabrá que hacer de sí mismo, salvo resignarse. Curiosamente, cuando tu pereza no es tuya, sino que te cae encima como un día de lluvia, entonces no serás más que tu pereza. Un coach puede echarte una mano, sin duda. Pero no cuando descubras que tiene los pies de barro o cuando topes con el sinsentido de tot plegat. En cambio, si tu pereza te pertenece como esa sombra que te acompaña vayas donde vayas, entonces puedes ponerte en manos de aquello que se encuentra incuestionablemente por encima de ti y actuar debidamente. Como ese soldado que cumple las órdenes sin preguntarse demasiadas cosas, aun cuando sepa que no puede cumplirlas.