sobre los cuentos
agosto 25, 2012 § Deja un comentario
En religión, un mito funda una prosa. Aquí las cosas que nos traemos entre manos significan en la medida en que encarnan, aunque sea deficientemente, lo ejemplar. Pero los mitos no valen para los pobres. Un pobre, por defecto, es aquél que no puede creer en cuentos. O, por decirlo de algún modo, no puede creer que el mito vaya con él. Un pobre es alguien que ha tocado fondo. Un contrahecho, pongamos por caso, no puede esperar honestamente que la hembra perfecta caiga en sus brazos. High school musical no es su película. De ahí que su Dios, de tenerlo, no se revele como aquél que vive en plenitud o bellamente —esto es, como aquél cuya felicidad sostiene por aproximación el día a día del contrahecho—, sino como quien le lanza fuera de sí mismo porque es, precisamente, eso que el mundo no puede admitir y que, sin embargo, debe acontecer contra todo pronóstico.