juego de manos
agosto 26, 2012 § Deja un comentario
Entonces miras hacia arriba ¿y qué encuentras? A quién posee aquello que a ti te falta: un cuerpo sin mácula, un gran carácter, una inteligencia feroz, la santidad… Ése es tu modelo, tu ídolo, tu dios. Quieres ser como él. Pero ¿qué ocurre? Pues que cuanto más cerca, más lejos. Los ídolos, esas imágenes, son intocables para aquellos a quienes seducen. Si tu horizonte es la perfección —aunque sea bajo la excusa de la integridad moral—, entonces no tardarás mucho en odiarte. Cualquier desajuste, por mínimo que sea, te sepultará en la vergüenza. Como aquella monja que ya no puede soportarse más a sí misma por ser incapaz de besar la pústula del leproso. Un ideal no puede ser encarado sin que se transforme en un fantasma. Un ideal es como la felicidad o el sueño: un producto lateral, algo que solo cabe alcanzar… mientras no pretendamos alcanzarlo directamente. Es lo que saben quienes sufren de insomnio: que no es posible dormir donde uno se esfuerza en dormir. Que tu mano derecha no sepa, pues, lo que hace tu izquierda.