pedruscos
agosto 29, 2012 § Deja un comentario
Supongamos que de aquí unos cuantos siglos un diamante no fuera más que una piedra entre otras. Es posible que los intelectuales del momento dijeran que estábamos cargados de cuentos —cargados de superstición— cuando ofrecíamos esos pedruscos a nuestra amada, pues ellos ya no podrían ver un diamante tal y como lo vemos nosotros. Para ellos un diamante no es más que un tipo de cristal. Supongamos, además, que algunos, sin embargo, creyeran que aún es posible recuperar las antiguas visiones. Pero en un mundo en donde el diamante no re-presenta nada, un diamante ya no puede ser visto como algo de valor. (Por suerte para la fe, si Dios se da como Crucificado no es porque el Crucificado sea el representante de Dios, sino porque no hay Dios que re-presentar. Y es que si Dios se da por entero en la Cruz —y esto es lo que defiende el dogma—, entonces Dios no sobre-vive a la Cruz. De ahí que cristianamente Dios siga presente tan solo como el Espíritu de un Crucificado. O, por decirlo de otro modo, que Dios sigue siendo, en sí mismo, un por-venir.)