mira papá, sin manos

septiembre 2, 2012 § Deja un comentario

Bernanos escribió que el verdadero milagro era acabar con las manos vacías, que no hay otra santidad. Y probablemente esto sea verdad. Pero a veces me pregunto si uno puede desear honestamente acabar así. Pues es muy posible que esto de las manos vacías sea un producto lateral, algo que solo puede alcanzarse mientras no se pretenda alcanzarlo. Como el sueño o la felicidad. Y es que cuando hacemos de las manos vacías un objetivo personal —cuando hacemos de la espiritualidad algo que cocemos enteramente en las miasmas de nuestra interioridad—, difícilmente podríamos soportar que aquellos que tienen las manos sucias por la mugre de los pobres fueran los elegidos y nosotros, los apartados. Podemos con paciencia llegar a poseer las virtudes de la vida espiritual —ese modo de ser tan característico de quien se ha familiarizado con la nada—. Pero cristianamente deberíamos tener presente que Dios, en el día del Juicio, nos preguntara a qué sediento dimos de beber. Y una respuesta cristiana no puede consistir en negar la sed. Pues cristianamente no hay otras manos vacías que las que han sido vaciadas.

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