miseria del cristianismo acomodado

septiembre 10, 2012 § Deja un comentario

Ya lo hemos dicho muchas veces: hay canciones de misa que no deberían ser cantadas. No solo porque provocan nuestro descrédito, sino porque toman el nombre de Dios en vano. Cualquier cosa que digamos en una Eucaristía, debería poder ser escuchada por los pobres, esos vicarios de Cristo, sin que estos se sintieran fuera de lugar. Este es el criterio y no hay otro. Por ejemplo, cuando se canta eso tan evangélico del grano que no muere. Es verdad que el grano tiene que morir para que pueda fructificar. Pero quien comprende esta verdad, diría que no puede cantarla con ese tono tan kumba de las comunidades progres. La muerte es la muerte. Y más si se trata de la muerte de aquellos que murieron para que tú pudieras seguir con vida. No creo que los primeros discípulos que comprendieron el carácter redentor de la Cruz, se pusieran a cantar como si esa muerte hubiera sido un simulacro. Puedo imaginarme, por poner otro ejemplo, que aquellos que pudieron salir milagrosamente de Auschwitz por el sacrificio de unos pocos, se pusieran a cantar. Pues el canto acaso sea la última oración del hombre. Pero no me imagino que su canto no soportara de algún modo el peso de ese sacrificio. Las formas son esenciales, pues al fin y al cabo, solo nos quedarán las formas. Por eso no entiendo que cuando dices estas cosas, a los cristianos progres y acomodados de nuestro entorno, les dé más o menos igual. Como si les bastara con su buen rollo. Ni tampoco entiendo cómo los sacerdotes que presiden sus eucaristías no se sientan incómodos ante el desajuste, a menudo hiriente, entre la verdad que proclaman y los gestos que la acompañan. A veces, da la impresión que se encuentran más al servicio de la autosatisfacción creyente que al servicio de Dios.

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