«serem feliços…»

septiembre 10, 2012 § Deja un comentario

Me cuesta entender como algunos cristianos, por lo común pertenecientes a la clase acomodada, pueden cantar aquello de «serem feliços en la pobresa». ¿Cómo pueden hacerlo y no sentir un enorme bochorno? Se supone que lo cantan siguiendo el espíritu de las bienaventuranzas. Pero es que las bienaventuranzas no han de entenderse así, como si dijeran que la pobreza da la felicidad. Las bienaventuranzas es una promesa apocalíptica que ha de comprenderse desde la óptica de un inminente final de los tiempos. Esto es, como si un revolucionario bolchevique hubiese dicho que una vez caiga el palacio de invierno, los campesinos poseerán la tierra. La pobreza es degradante. Muy degradante. No estamos ante las promesas del asceta. Ciertamente, quien sabe prescindir de lo supérfluo, vive mejor que quienes nunca tenemos bastante con lo que tenemos. Pero la pobreza es que tus hijos se mueran de hambre. Es que tu mujer y tus hijas tengan que prostituirse para pagarte la medicación. Ayer vi Struggle, la opera prima de la austriaca Ruth Mader, en la cual se muestran las vicisitudes de una inmigrante polaca y su hija en la opulencia de Occidente. Duras vicisitudes en donde ambas intentan salir adelante con los trabajos más precarios. Una película de muchos silencios y pocas palabras. Los cantos de misa, si han de ser cantados según el espíritu de la oración, deberían poder ser oídos por lo pobres sin que estos se sintieran humillados. Y no me imagino a un grupito de cristianos progres cantando este «serem feliços…» ante los recolectores de fresas y que Dios no se vea obligado a cubrir su rostro, muerto de vergüenza.

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