papá sj

septiembre 12, 2012 § Deja un comentario

Nuestros mayores tuvieron que reaccionar ante una Iglesia envejecida y cascarrabias, la Iglesia de las sacristías oscuras, la que sepultaba a sus fieles en las miasmas de una culpa morbosa, centrada en el ansia narcisista de la perfección. La Iglesia del Dios castigador que no dejaba pasar ni una. De ahí que para muchos creyentes fuera enormemente liberador el anuncio de un Dios proper, bueno, misericordioso, un Dios mamá. Pero nosotros somos los que nos enfrentamos de entrada a este Dios. Somos los que no tenemos que reaccionar contra las tinieblas de los confesionarios. Somos los que échamos en falta a papá. Porque ya partimos de la misericordia infinita de Dios —porque hemos olvidado que solo el amor nos juzga en verdad— probablemente ya no sepamos qué hacer con Dios. Y por eso fácilmente hemos hecho de Dios el nombre del amor. Ahora bien, de ahí a preguntamos para qué Dios y no simplemente la fuerza del amor o la bondad hay un paso.

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