la falacia del traductor
septiembre 15, 2012 § Deja un comentario
Muchos entienden nuestros tiempos científicos como aquellos en los que al fin hemos descubierto la falsedad de las visiones religiosas del mundo. Y así creen que ahora podemos decir con seguridad que los dioses de la antigüedad no eran otra cosa que la personificación de fuerzas de difícil control. O que el endemoniado de antes no es más que un epiléptico. Así, desde esta óptica, nunca existieron en verdad ni dioses, ni endemoniados, sino energías o enfermos. Como si, al fin y al cabo, la visión religiosa del mundo debiera comprenderse como una interpretación, subjetivamente sesgada, de hechos que en sí mismos no apuntan a ningún más allá. Sin embargo, esto supone no acabar de entender cómo funcionan las visiones del mundo. Pues, como ya hemos dicho otras veces, quien es capaz de ver una medalla, no la ve porque interprete un pedazo de metal como si fuera algo más. Para quien sea capaz de verlo, una medalla es algo más que un pedazo de metal. Una medalla en modo alguno puede darse como tal en el mundo de, por ejemplo, los aborígenes australianos. Ahora bien, un aborigen australiano no está más cerca de la verdad por entender que una medalla no es más que un pedazo de metal. Un aborigen australiano es simplemenre alguien que no puede ver una medalla en una medalla. Así, para un mundo en el que la distinción entre el cielo y la tierra es incuestionable, hay dioses y endemoniados. Es posible que quienes pertenecían a ese mundo llegaran a admitir que un endemoniado es un enfermo. Pero necesariamente entenderían su enfermedad como la puerta de entrada de los demonios. Para ellos un epiléctico es en verdad un endemoniado. Nuestra dificultad con los dioses de la antigüedad tiene que ver, por tanto, con que nuestro mundo ya no es el de antes. De ahí que Nietszche no negara simplemente la existencia de Dios, sino que anunciase la muerte de Dios, de un modo parecido a como los románticos alemanes proclamaron la huída los dioses. Los dioses no existen, ciertamente. Pero solo porque en nuestro mundo ya no pueden existir.