palacio de invierno
septiembre 20, 2012 § Deja un comentario
La transformación del cristianismo escatológico en una religión de la interioridad, después de que los primeros cristianos, al cabo de unos cuantos años, constataran de que el fin del mundo anunciado por Jesús no parecía ser algo inminente, podía comprenderse como si los bolcheviques nunca hubieran tomado el palacio de invierno y en su lugar hubieran dejado el asunto para el corazón de cada cual. Como si hubiera caído el palacio de invierno. Un revolución que no parta de su particular toma de la bastilla —una revolución que no pueda asestar el golpe que promete—, acabará siendo, si se quiere, otra cosa, pero en modo alguno podrá seguir comprendiéndose como una revolución. Decir, por ejemplo, que la verdadera revolución bolchevique es la que se produce en el interior de cada revolucionario supone jugar con las cartas marcadas. Por suerte para el cristianismo estaban los pobres ahí, para redimir a quienes les prometían el oro y el moro post mortem.