Inés
septiembre 21, 2012 § Deja un comentario
Inés Losada me envía lo que sigue. Vale la pena.
Hoy Dios ha hablado claro.
Hoy en la misa de la Paz de las 8.30 había mucha gente. La presenciaba el Pare Joan, y todo en orden, las lecturas hablaban del sufrimiento, y el evangelio era Marcos 8 y el famoso “¿y vosotros quién decís quesoy yo?”. Entonces el Pare Joan ha iniciado su sermón “Las lecturas de hoy hablan del sufrimiento…”,cuando se ha empezado a oír bullicio por el fondo y por el medio del pasillo se acercaba un señor hacia el altar, joven, con barba, un poco descuidado y que gritaba. Entonces el Pare Joan ha bajado del altar, se le ha acercado con pasos serenos y dirigiéndose a su persona le dice “Edu, ¿qué pasa? No me hagas esto, déjame acabar la homilía”, “Dáme un beso padre, dáme un beso”. Las cosas se han puesto tensas,pues el tono era agresivo, hasta el punto que Edu ha cogido al Pare Joan por el cuello, todos nosotros sentados y en silencio, y después le ha dado dos besos al Pare Joan. “Sé bueno” le dice Edu al Pare Joan,“sé bueno, joder Joan, joder, cuánta gente aquí eh”. Entonces Edu se gira a los feligreses, levanta las manos y grita “esto sí que es misa”, y retoma su camino hacia el fondo de la sala murmurando “Edu ha muerto”. Entonces el Pare Joan ha vuelto al altar, se ha puesto a hablar, parecía emocionado, se notaba que guarda una buena relación con Edu, y que, comprometido con ese sufrimiento, vela por él, y nos hadicho “perdonadle porque necesita cariño, porque sufre, porque necesita amor”.
¿”Esto sí que es misa”? ¿Y si Edu guarda algo de razón? Está claro que no en el orden habitual de la eucaristía, ni probablemente tampoco en el significado más estricto de los símbolos de ésta, pero sí en lo que leemos continuamente en el Evangelio. Parecía providencial la lectura de hoy. “¿y vosotros quiéndecís que soy yo”? Pues bien, la contestación de hoy era clara: es Edu, ese hombre que pide limosna en la entrada de la misa, que no sabemos más de su vida excepto que pasa horas sentado en el escalón de la Paz, ése que nos intimida a todos cada domingo y hoy especialmente, pues de alguna manera sabemosque nos juzga. “Cuánta gente aquí eh” y no allí fuera acompañándome es lo que yo añado. Y lo peor de todo es que lo sabemos, que no hace falta que volvamos a oír el Evangelio. Lo sabemos perfectamente,y quién no, que repase Mateo 25. A todo esto, que una servidora se ha emocionado, “¿qué hay que hacer ahora?”, pues aunque sea lo discreto y lo socialmente aceptado no tengo claro que nos debamosquedar sentados y seguir la homilía. “¿Salgo fuera?, ¿le digo algo? ¿Pero qué le voy a decir?, ¿quizás“qué puedo hacer por ti”?” Pero sé que eso no lo haré por cobarde, porque si me dijera “llévame a tu casa” saldría corriendo. Y para desobedecer a su petición, para darle la espalda a nuestro Señor para eso casi que mejor me quedo sentada. Seguía emocionada. “¿Cómo se puede ser tan hipócrita?” pensaba yo. “Yo no puedo seguir aquí sentada, y menos comulgar, si no es del mismo pan que cena Edu no, pero tampoco me puedo ir de aquí convirtiendo lo sucedido en una anécdota. ¿Y qué vas a hacer? ¿Y si te locruzas saliendo y no le dices nada? Eso es incluso peor”. Y es que si tuviera la decencia, si no fuera tan hipócrita, si el coraje fuera algo que va de la mano de la fe le pediría perdón. Contrariamente a lo que sugería el Pare Joan quién sí que acompaña su fe con un corazón valiente. Le pediría el Perdón, y, si me lo permiten, el Perdón de los demás que me acompañaban en ese momento. Perdón por ignorarle, por permitir que en la puerta de nuestra iglesia haya alguien que pasa hambre, frío, que necesita cariño. Por hacer caso omiso todos los domingos del año. Le pediría perdón por la situación de pecado estructuralen el que vivimos cada día, porque hay gente que tiene dos casas y gente que ninguna, porque hay gente con sobrepeso y otros que mueren de hambre, porque no quiero saber cuántos jerséis de más hay en mi armario mientras otros pasan frío. Y perdón porque sé que hoy no va a ser mi conversión, pues ya son muchas las veces que hemos oído el Evangelio, pues sabemos que Cristo es el que sufre, pues sabemos que la gente sufre y aun y así hoy hemos vuelto a pasar de largo cuando hemos visto a Edu.