el que fue

septiembre 22, 2012 § Deja un comentario

Si Dios pudiera darse a través de nuestras sensaciones —si Dios fuera un objeto de nuestra experiencia—, ¿para qué la revelación? La mayoría de los cristianos han olvidado que, si hubiese estado al alcance de su sensibilidad, Dios no hubiera tenido que ser revelado. Pues la revelación sólo tiene lugar donde el objeto de la revelación ya no se encuentra presente. La mayoría de los cristianos han olvidado que un Dios que solo puede acontecer como revelado, no puede ser un dios al uso. Si hay revelación es porque Dios solo puede darse aquí y ahora como el que ya partió (y acaso también como el que debe regresar… aun cuando ya no pueda hacerlo). Ocurre aquí como ocurre con la relación con nuestro padre. Nuestro padre es en realidad aquél a quien le debemos la vida. Pero esta verdad queda enmascarada por las exigencias del trato diario —que si se enfada porque llegamos tarde a casa, que si nos molestan sus defectos, que si le vemos más dedicado a sus cosas que a nosotros…—, de tal modo que nuestro padre tiene que morir para que podamos caer en la cuenta de lo que le debemos, de lo que es en verdad un vínculo, de lo que vale una filiación. En tanto que revelada, la verdad de Dios es, así, inseparable de la historia de Dios.

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