islam

septiembre 23, 2012 § Deja un comentario

Es sabido que para el Islam, un creyente es aquel que permanece sometido a Dios. Y esta es una gran verdad. Pues donde no hay sumisión, Dios pasa a ser el contenido de una mera suposición, algo que, al fin y al cabo, depende de las razones o motivos que tenga el «creyente» para suponer que hay Dios. O uno se encuentra sometido a la radical trascendencia de Dios, o no puede haber Dios que valga. Sin embargo, a veces uno tiene la impresión que Alá se encuentra demasiado cerca de la divinidad del deísmo como para provocar la sumisión del creyente. Un Dios que no exija lo imposible —un Dios que en el presente no se identifique con la voz inalcanzable del pobre— acaso pueda ser un Dios ante cuyo misterio el hombre pueda permanecer abierto, pero difícilmente será el Dios de la demanda infinita, el Dios que obliga a responder al clamor de las víctimas como si no tuviéramos otros hermanos que ellas. De ahí que no me parece que el cristianismo y el islam sean diferentes vías de experimentar a un mismo Dios. Un Dios encarnado —un Dios que transfiere su divinidad a un Crucificado— es, sencillamente, otra cosa que la divinidad de la experiencia religiosa.

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